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El segundo seminario del sector ovino, pensado en elevar propuestas al Comisario de Agricultura de la Unión Europea, fue testigo del ejemplo de Nueva Zelanda en su política comercial para conquistar el mundo y de una cierta desorientación europea en el enfoque futuro.

Nueva Zelanda versus Europa

En Nueva Zelanda desde hace 20 años han sabido mantener la producción de corderos aun habiendo disminuido su cabaña en un 50%, han mejorado pastos, fertilidad y selección de su rebaños, sanos y productivos. Han sabido orientarse al mercado vendiendo piezas de una misma canal a diferentes puntos y no se han limitado con costes y burocracias que poco aportan en valor al consumidor.

Su plan de futuro va orientado a una mayor adaptación a las exigencias de los consumidores, con un sistema de calidad nacional que dé pruebas de manejos ecológicos, no ortodoxos; de mejoras en lo relativo a la huella de carbono; y de una clara apuesta por el fomento de la innovación y la incorporación de los jóvenes.

Asimismo, hablaron de la necesidad de avanzar en marca vinculando la producción, organizada en dos grandes cooperativas, con la industria transformadora, garantizando los no residuos y los avanzados sistemas de maduración y calidad de la carne.

Mientras en Nueva Zelanda se favorece el pastoreo gratuito en las zonas desfavorecidas, en Europa se sigue legislando con medidas que entorpecen la ganadería extensiva como los CAP (coeficientes de admisibilidad de pastos que capan la viabilidad de los ganaderos de la ganadería extensiva más vinculada a zonas sin otras opciones) y dejamos sin apoyos a quienes apuestan por la calidad y el futuro.

El futuro de la promoción de carne de cordero

Desde Interovic, apoyados por varios países, pedimos que el ovino sea producto prioritario para la promoción dada la caída del consumo. Pero si esta promoción no se focaliza bien podríamos hacer el trabajo de penetración a la carne neozelandesa que apuesta nuevamente por Europa tras la recesión de China y otros mercados después de la crisis del precio del petróleo.

Según las encuestas, el 90% de nuestros consumidores quieren saber el origen por su vinculación con el carácter local y por el mantenimiento del medio rural, medioambiente y biodiversidad. Así, la identificación del origen, junto con la promoción de la calidad de esta carne, será una ayuda en la decisión de compra, no siendo suficiente el sello de Unión Europea como quieren los exportadores netos del Reino Unido o Irlanda, país que por cierto identifica todo su producto con la marca nacional, incluso en su nuevo destino estadounidense, digno de felicitación.

Otro aspecto que ayudará al consumo de cordero es el factor proximidad, cumpliendo por supuesto con las normas legales de seguridad alimentaria, mataderos, cadenas de frío y trazabilidad. Más cuando las emisiones de carbono también van vinculadas a los transportes largos, tema que difícilmente podrán maquillar los grandes exportadores.

Por ello, sin menospreciar el posible sello europeo, el consumo se reanimará más en torno a marcas de calidad locales, léase regionales o nacionales hacia cuyas campañas debería ir un apoyo decidido de los fondos de promoción europeos.

Campañas como la de Interovic, que da señales de ir en la buena dirección, necesitan de seis a 10 años para lograr sus objetivos de recuperar el consumo en España. Ese debe ser nuestro objetivo, unido a la conquista de nichos de mercados de alta calidad en otros países.

Paco Marcén

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