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Escribía en el anterior artículo “Cómo avanzamos en la promoción de la carne de cordero” que puedes volver a leer pinchando en este enlace, sobre el ejemplo de Nueva Zelanda en la conquista de los mercados y en su estrategia de mejorar su imagen uniendo en torno a una marca, el carácter natural de sus carnes, el respeto y mejora que aporta al medio ambiente, tratando asimismo de reducir las emisones de carbono, mejorando pastos y eficiencia productiva.

Nombraba el plan de la producción en campo, mataderos y salas de despiece, organizado todo en torno a dos grandes cooperativas de ganaderos, propietarias de esa industria altamente profesionalizada en su gestión. Pero no nombraba que su principal ventaja competitiva es la economía de escala tanto a nivel de campo como a nivel de industria.

Un ganadero neozelandés, que combina normalmente vacas y ovejas, puede producir en torno a 40.000 kilos de carne de cordero cuando aquí nos moveríamos en torno a 7.000 kilos en los mejores casos. Pero cada uno de los dos mataderos que vimos en Nueva Zelanda, creo que no hay mas, sacrifica unos 100.000 kilos día frente a matanzas de 10.000 kilos en los mejores casos en España. Si sumamos nos vamos a diferenciales de 3 euros, teniendo en cuenta que los salarios no son menores que en Europa, a esto hay que añadir los pastos mucho más baratos y productivos y la menor carga burocrática, que no les es necesaria para vender a más de 120 países del mundo.

Esa dimensión también les permite tecnologías como el empleo de robots que no solo mejoran los costes por procesos de cadena sino que dan más higiene y duración a la carne, obteniendo sistemas de vacío de larga duración, que llegan como carne fresca a Europa y otros lugares del mundo madurándose en el viaje por barco a bajo coste.

Ante esa competencia capaz de vender varios euros menos en kilo, no caben llamadas infantiles a que vendan más caro, como hizo un dirigente de la industria europea. Eso es como cuando Gila llamaba por teléfono al enemigo pidiendo que parasen la guerra un rato. Los neozelandeses y australianos llevan casi ciento cincuenta años en el mercado europeo como para darles lecciones comerciales.

Como nosotros no podemos competir con sus costes, hace falta una estrategia comercial basada en la mejora continua de la calidad, la vinculación al origen, a la proximidad y la demostración del carácter natural y beneficioso de la producción para la biodiversidad, el medio ambiente y nuestro medio rural, no el de las Antípodas.

Hace falta favorecer las innovaciones que mejoren la rentabilidad y calidad de vida de los ganaderos, que lo haga atractivo a los jóvenes. Pero hay que hacerlo de verdad y no con ayudas planas que solo favorecen la inflación de ovejas en busca del regalito. Pan para hoy y hambre para mañana.

Y a nivel de promoción favorecer la línea de renovación de los sistemas de venta desde campañas como la de Interovic, pero también desde marcas y productos locales como las IGP. Si fuésemos capaces de una marca que certifique unas normas de calidad y el origen español, que diferencie nuestro producto del que viene de fuera sería ideal, sobre todo para los lechales que vienen de Italia o Grecia, que ya apenas tienen vida útil en el frigorífico del carnicero y el consumidor.

Las campañas de IGP u otras marcas vinculadas a territorios concretos y a la proximidad benefician al consumo del cordero en esas áreas, es decir beneficia a todos, como beneficia la campaña genérica de Interovic. No son incompatibles sino complementarias sobre todo si van en la misma dirección de modernización, notoriedad y disfrute.

Todas merecen el apoyo europeo. La campaña genérica “Agneau Presto” que realizan los franceses, británicos e irlandeses en seis países centrada en la gran distribución y la publicidad. La campañas cordero de Gales por un lado y escoceses por otro, con sus IGP, las dos campañas de los búlgaros, una en países europeos y otra en países terceros, la campaña española focalizada en nuestro particular mercado de carniceros, gran distribución, hostelería y consumidores. Más de diez millones de euros anuales entre todas ellas que tendrán retorno si se focalizan bien y se prolongan de 6 a 9 años.

Hay que conseguir que Bruselas declare la carne de cordero como prioritaria para los programas de promoción que han pasado de 40 a 200 millones de euros al año. No hay que cerrarse y hay que apoyar todas las inciativas que lleven a modernizar la venta, a ganar a los jóvenes para su consumo, a identificar el consumo de cordero con la supervivencia de nuestro mundo rural. Hay que estar abiertos a nuevas iniciativas. Como cantaba mi amigo Jose Antonio Labordeta, ¡entre todos hay que levantar!

Francisco Marcén

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