Las recientes jornadas de carniceros en Barcelona y el congreso de AECOC en Lérida permiten extraer conclusiones que coinciden con las tendencias que observamos en relación al punto de venta de la carne.

En general la sociedad, incluso los jóvenes millennials, son carnívoros, por algo será. Para si querían las sociedades menos desarrolladas disponer de proteínas de origen animal, que en las sociedades más evolucionadas consumimos en exceso en algunos casos o de baja calidad en otros. Los nutrólogos recomiendan un consumo moderado en torno a 30 kilos al año, en Estados Unidos andan en torno a los 100 y en Europa y España cerca de los 60 kilos.

 

Más de la mitad de los consumidores (57%) están dispuestos a pagar más si perciben valores de sostenibilidad, cercanía, saludables, placenteros y útiles. La percepción del consumidor de la carne de cordero reúne estos valores.

 

La tendencia es que por aspectos de salud o de estética la mayoría estamos reduciendo el consumo de carnes con mayor contenido de grasas. También crecen los flexitarianos quienes defienden el consumo solo dos o tres veces por semana.

Consumir menos carne y de más calidad o valor es una tendencia creciente que viene para quedarse, lo cual liga con la conciencia también creciente de la posible insostenibilidad de esta producción, para alimentar a la población mundial en 2050.

La mayoría de los consumidores buscan el precio y sobre todo las ofertas y la ganadería intensiva parece necesaria para alimentar el planeta. Esto no quita para que la ganadería extensiva produzca de forma eficiente carne de calidad, que inevitablemente es más cara, tenga su futuro ya que más de la mitad de los consumidores (57%) están dispuestos a pagar más si perciben valores de sostenibilidad, cercanía, saludables, placenteros y útiles.

El acercamiento de estos consumidores, y sobretodo los jóvenes, a estos valores, es una oportunidad para la producción de carnes como el cordero y más concretamente a marcas locales como las IGP o denominaciones de origen, así como a marcas certificadas de carnes sin aditivos, por ejemplo.

 

La comunicación positiva con honestidad y transparencia será una de la claves del futuro de la carne y por tanto de nuestras ganaderías.

 

El carnicero del futuro tendrá que ser un prescriptor tanto del corte ideal para cada familia como de recetas saludables e innovar y hacer más allá de lo que ha hecho siempre.

Los supermercados ya se mueven por otras líneas de innovación, calidad y facilidad de compra. La prueba es que crecen año a año quitando cuota al canal tradicional.

Las empresas deben comunicar con honestidad y transparencia, todos los procesos productivos desde el campo y la granja hasta el punto de venta. Contar historias reales acercándose sobre todo a los jóvenes que desconocen la ganadería y todo lo que hacemos por el bienestar animal y se agarran a ideologías o creencias animalistas poco o nada realistas.

Ni la opacidad o falta de ética o moral de alguna empresa del sector cárnico, ni las tendencias veganas o vegetarianas pueden empañar la imagen de la carne, tan necesaria para la salud en proporciones adecuadas.

La comunicación positiva y no reactiva será una de las claves del futuro de la carne y, por tanto, de nuestras ganaderías. En esto las Interprofesionales y las empresas y organizaciones tenemos una gran responsabilidad.

Paco Marcén

Anuncios